Me cuesta trabajo pensar en función de la calidad de la imagen. Para mí, hay un dulce encanto y un valor estético tanto en la imagen lluviosa de la cámara video ocho,en la imagen pixelada e inestable del celular, en los colores súper vivos e irreales de la imagen de alta definición y en la imagen interrumpida de una web cam.
Cada una revela la lógica de un aparato que obedece a necesidades, limitaciones y épocas. Una web cam convencional trasnmitiendo datos desde aquí, desde Colombia donde el ancho de banda promedio es significativamente más pequeño que en países del llamado primer mundo, nos regala instantes que se congelan y se descongelan poniendo en evidencia por un lado toda una economía de la información y por otro la naturaleza discreta de lo digital. El aparato toma muestras de instantes de la luz que refleja nuestro cuerpo en movimiento y los traduce en pixéles, éstas imágenes, a diferencia de las que podemos subir al facebook, son imágenes extrañas y quizás grotescas, bocas muy abiertas, ojos saltando, cabello en barrido, extremidades deformadas, rostros escorzadados, motion blur hasta el punto de dejar solo manchas de color difusas. El aparato nos regala sin querer una disección de la fluida danza de la imagen en movimiento. Para qué desear entonces que el video estuviera de mejor calidad, que se moviera de manera ininterrumpida ojalá a 30 cuadros por segundo?
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viernes, enero 14
El Arte
Hablo desde el arte en una posición incómoda, fingiendo ser contorsionista. Vivo en una sociedad donde la producción artística es mirada de reojo, con extrañeza, a lo sumo con curiosidad. No defiendo el arte actual, en mi opinión la mayoría de la producción merece un bostezo, un signo de interrogación o un (bis). Recuerdo las letras de las canciones que aprendía en el colegio. Hablo desde el arte porque a pesar de todo considero que allí hay un lugar desde el cual es posible pensar.
viernes, octubre 15
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